martes, 7 de junio de 2011

Sólo un viaje más…

Viajar en tren para moverme por la ciudad: la alternativa ecológica que evita que contamines con un auto más, así se descongestionan las calles, te ahorras lo de la gasolina, el precio del boleto fomenta la recaudación de impuestos que alimenten a la ciudad y permite que mejoren los servicios además de que es una oportunidad para socializar… eso me digo para convencerme que no tener auto es “lo mejor”. Mientras viajo en tren veo por la ventana y me doy cuenta que hay un circo junto a las vías. Creo que sólo fui una vez al circo, recuerdo que una vez llego uno al terreno que está en la contra esquina de mi casa, en ese entonces no había nada en aquel terreno por lo que el circo se podía instalar con facilidad. Pero éste no era un circo “de alta calidad”, recuerdo que los únicos animales que traían eran un gallo, dos gallinas, una cabra y un perro que sabía saltar los aros. La carpa estaba parchada tantas veces que más bien parecía que estaba hecha de retazos de otras lonas. Esos cabrones daban tristeza, pero se veía que en serio amaban su trabajo. El dueño del terreno donde se había instalado el circo tenía un hijo que iba conmigo a la primaria y que además de mi amigo era mi tocayo (es más era yo, nah…), la cosa es que el dueño del circo (que también era el payaso principal, mago y domador de perro y gallo) llego a un acuerdo con el papá de mi amigo: mi tocayo podía entrar gratis con sus amigos a cambio de que le aguantaran unos días con el circo en su terreno, mi amigo aprovechó y el primer día nos llevo a todos los del salón a la función de las seis. De 40 personas que asistimos a esa función como 39 éramos colados. El pobre cabrón de seguro no se imaginó que le íbamos a caer tantos, pero la palabra de un payaso es como de oro y nos dejo entrar a todos. La función si estuvo de pena, repito era un circo MUY “humilde”, pero se notaba que los cirqueros amaban su chamba, el payaso/mago/domador salió con todo y aunque se le chingó el audio sacó el acto con los animales, el perro salto los aros, la gallina desapareció en un sombrero y la cabra… la cabra no se que hizo, tal vez sólo la tenían por… pues no sé porqué pero yo recuerdo que había una cabra. La esposa del payaso que tambien era payasa/asistentedemago/malabarista hizo lo suyo con más corazón que talento, pero nosotros le aplaudimos como si hubiéramos presenciado un acto del cirque du soleil. Luego de unos días todos le fuimos perdiendo el interés al circo, menos mi amigo, quien creo que entró a todas las funciones todos los días y cuando el circo se mudó, sigo sin entender porqué pero él se quedó con el perro, que conservó y con el que a veces íbamos a jugar, hasta que invadido por la artritis (el perro, no mi amigo) pasó sus días acostado en el sol, siendo cuidado por mi amigo y su hermano, ya no sé si ese perro viva aún, pero de mientras vive en éste post. Miro a la gente que va conmigo en el tren y sigo pensando que aunque llevo toda mi vida viviendo en ésta ciudad no dejo de sentirme un extraño en ella, como un visitante que sólo está de paso, que no acaba de conocerla porque en buena medida ella se resiste a que la conozca toda. Aquí no puedes decirle a una chica “disculpa, ¿nos hemos visto antes?” porque en ésta ciudad nadie se ha visto antes. Dicen que todos somos extranjeros en ésta ciudad: el “defe”, el defectuoso, la capirucha, el monstruo… parece que todos están de paso, esperando el tren que los lleve lejos, y sin embargo nadie se va. Incluso hay lugares (calles, parques, rincones, escondites…) en los que sé que he estado pero que si me preguntan no sabría como regresar. Algunas veces porque la ciudad me parece inmensa, otras porque decidió cambiar sin avisarme. Miro por la ventana del tren y pienso que en esta ciudad todos tienen sus lugares memorables, rincones donde sus recuerdos son sepultados por los recuerdos de muchos más. Yo tengo esa esquina que veo desde la ventana de éste tren, donde bromeaba diciéndole a aquella chica que ella era la princesa de castilla (porque así se llamaba la calle donde vivía y porque ciertamente su actitud solía ser poco menos que la de una princesa), esa esquina donde la tomé de la mano en aquel verano del 2002, donde la miré aquella tarde cuando nos prometimos (y en verdad lo creímos) que aquello que sentíamos duraría para siempre. Hoy sigo caminando por ésta ciudad que ya no creo que esté hecha de calles y edificios, sino de recuerdos, acontecimientos que de una u otra forma marcaron mi vida y la de muchos más, porque los que vivimos aquí no vivimos EN la ciudad, sino que vivimos LA ciudad. Hoy sigo pasando por donde caminé con ella, por donde camine tras ella y por donde ahora camino sin ella, pero la ciudad persiste, la ciudad puede mutar pero no me abandona porque yo tampoco la abandono. Otras veces regresas por lugares que siguen igual, pero tu ya no eres el mismo. Estas son las cosas que pienso para eludir la pesadez de mi viaje, de éste “paso” por la ciudad una vez más, viendo “mi ciudad” que es muchas ciudades, la ciudad de todos, la que a veces asusta y otras cautiva, la que está llena de historias como la mía, “de historias estancadas que quedaron por hablar”.








Yobailopogo!
la ciudad se duerme y yo me desespero...

10 comentarios:

Alma Mateos Taborda dijo...

Pues, me ha parecido viajar contigo en ese tren desde donde recuerdas y vives. Además, siempre nos queda en la retina, la presencia de algún circo pobre en un terreno baldío cerca de nuestra casa.Y cómo no recordarlo. Así tambien la evocación de un amor que creímos era el definitivo y terminó por no serlo.Lo has contado tan maravillosamente, que permites al lector meterse en la historia y a la vez cotejarla con experiencias propias. ¡Me gustó!¡Muy bueno! ¡Felicitaciones! Un abrazo. Te sigo.

trent dijo...

no manches, que entrada tan chingona, por eso soy fan del ybp! cada entrada mejor que la otra.


en mi caso pareciera que soy un pirata en eso de los nombres donde se quedaron sus sonrisas, van desde ciudades americanas, un heroe nacional, una isla donde perdi un tesoro y una cuchilla sin demonios, bueno uno si...

un bolero fatal para este post, gracias por textos tan buenos que leer en lugar de prender la tv

chido

..Escribiendo corto.... dijo...

viajar siempre te brinda la oportinudad de recordar viejos momentos, lejanos, algunos buenos otros malos y otros extraños.

Gerardo dijo...

¿2046 versión YBP?
"dicen que en el DF nada cambia, pero nadie lo comprobado todavía ... porque nadie que haya estado en el DF ha regresado con vida para contarlo ... solo tú"

ese circo "humilde" me recuerda la peli mexicana "angel de fuego", quizás no tiene nada que ver pero me acordé

el df es un monstruo de 7 cabezas con dientes de oro, un barril de cerveza que en cualquier momento puede estallar

bolero fatal: Siboney

chingón post, saludos

Carla Fernanda dijo...

Adoooro viajar de trem. Quando fui na Espanha viajei muito na AVE.
Beijos e boa noite Reptilio!!

Antony Sampayo dijo...

La cuestión es viajar sea como sea, por lo menos yo nunca me he montado en un tren, y me gustaría hacerlo.

Abrazos.

fanntine dijo...

Me imaginé perfecto todo lo que escribiste, buen post y si, el df es una selva a la que hay que tenerle respeto pero se aprende a quererla.

Karlita la + Bonita dijo...

no inventes, que entrada tan padre. La verdad es que todo lo que dices es bien cierto y hasta nostalgia me dio!!

DAVID dijo...

ahora ya no estoy de anonimo :P...qe buen post otro de esos qe hacen qe no deje de visitar el blog, otra mirada particular del monstruo en el qe vivimos, ´aqui nos toco, qe le vamos a hacer,en la region mas transparente del aire´.
gracias por responder a mi comentario, creo que para entenderse hay que ponerse en el lugar del otro y tu lo hiciste, ya nomas decir ´larga vida al ybp!´

Videodrome dijo...

Muy buena entrada, amena y nostálgica... Como urbanitas, estamos forzados a "vivir" la ciudad: creamos croquis mentales (como dice el colombiano Armando Silva) y nos imaginamos el resto... nuestras ciudades (Bogotá tiene nueve millones de habitantes, Medellín, la segunda más poblada, tiene tres), siempre se presenta como un enigma, ni me imagino en las ciudades gigantes como el DF, Buenos Aires o NYC... Pero hay que contruirlas a partir de nuestra imaginación y evocación... Un saludo :)